Guerra de microchips entre EE. UU. y China podría beneficiar a Costa Rica

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Guerra de microchips entre EE. UU. y China podría beneficiar a Costa Rica

Costa Rica podría convertirse en otra de las naciones beneficiadas con la apertura de operaciones de compañías dedicadas a la fabricación de microprocesadores y componentes electrónicos.

Expertos consideran que los esfuerzos de Estados Unidos por mantener el control de la industria de microchips podrían generar empleo y desarrollo económico en la región.

Cuando el río suena, piedras trae. El sonido de una piedra aislada puede carecer de mayor significado, pero el de varias podría indicar la presencia de una corriente que generaría movimientos importantes en el caudal.

Roberto J. Argüello, presidente de CEO Advisors.

La lucha entre Estados Unidos y China por alcanzar el dominio en la industria mundial de los microchips podría, tal y como lo han manifestado expertos, traer beneficios directos para Centroamérica.

La primera piedra que salpicó el agua cayó el 1 de junio, cuando el Wall Street Journal tituló “Fabricantes de microchips presionan al gobierno estadounidense por miles de millones de dólares para luchar contra China”, al anunciar que la industria de semiconductores de ese país realizará acciones de lobby para obtener miles de millones de dólares de gasto federal para construir edificios para fábricas y centros de investigación para mantener a Estados Unidos delante de China “y de otros países que subsidian fuertemente sus industrias de microchips”.

“La propuesta de US$37.000 millones de la Asociación de la Industria de los Semiconductores, un grupo de comercio, incluye subsidios para la construcción de una nueva fábrica de chips, ayuda para los estados que busquen atraer inversión en semiconductores y un incremento en fondos para la investigación, de acuerdo con un borrador de propuestas al cual tuvo acceso el Wall Street Journal”, cita el diario.

La solicitud de la industria busca reducir la dependencia que Estados Unidos tiene en Asia en materia de tecnología, así como competir de forma más efectiva con China, situaciones que el diario asegura se han visto incrementadas por el efecto de la pandemia provocada por el Covid-19 y que ha dado nueva fuerza al debate sobre el papel que el gobierno debería jugar para promover la innovación.

John Neuffer, presidente de la Asociación de la Industria de los Semiconductores dijo que aunque la cifra solicitada al gobierno federal puede resultar alta, lo sería más aún “el costo de la inacción” para su economía, “para la seguridad nacional y para nuestro liderazgo en las tecnologías críticas del futuro”.

La segunda onda en el agua surgió cuando Mauricio Claver-Carone, asesor del presidente Donald Trump, aseguró al diario guatemalteco Prensa Libre que la crisis económica y diplomática que atraviesan Estados Unidos y China abrirá nuevas oportunidades de inversión para ese país y afirmó que estas compañías de capital estadounidense voltearán a ver al sur y, en ese sentido, “Guatemala es prioridad”.

“Esto es una oportunidad para Guatemala y el resto de la región porque debido a esta crisis con China estamos incentivando a las compañías a que regresen a EE. UU. y que busquen mirar hacia el sur”, aseguró el funcionario estadounidense.

Claver-Carone dijo que la apertura de operaciones en nuestra región contribuirá a la seguridad nacional de Estados Unidos, ya que generarán desarrollo económico en los países centroamericanos y la riqueza que genere reduciría la necesidad de migrar a la Unión Americana.

“Bajo esa perspectiva y dando por cierto esos supuestos, Costa Rica podría convertirse en otra de las naciones beneficiadas con la apertura de operaciones de compañías dedicadas a la fabricación de microprocesadores y componentes electrónicos, cluster que se desarrolló en ese país a partir del ingreso de la gigante Intel en 1997 y que ha servido de catalizador de la inversión extranjera directa” dijo Roberto J. Argüello, presidente de CEO Advisors.

Costa Rica podría convertirse en otra de las naciones beneficiadas con la apertura de operaciones de compañías dedicadas a la fabricación de microprocesadores y componentes electrónicos.

De acuerdo con la Coalición de Iniciativas para el Desarrollo (Cinde), las exportaciones de productos de alta tecnología, que en 1996 alcanzaron el 4% del total de productos costarricenses comercializados en el exterior, representa hoy el 43% del total de sus exportaciones.

Intel asegura que más de 2.000 empleados suyos diseñan, realizan prototipos, prueban y validan circuitos integrados y soluciones de software, a la vez que brindan soporte en áreas como la financiera, recursos humanos, ventas y mercadeo.

Además, afirma que representa el 60% de las exportaciones del país en materia de investigación y desarrollo, lo cual genera empleos directos, indirectos y un encadenamiento local que ha atraído la inversión de otras compañías extranjeras.

Aunque la presencia actual de Intel es fuerte, lo fue más en el pasado, cuando llegó a representar el 20% de las exportaciones costarricenses, situación que varió en el 2014, cuando la compañía anunció el cierre de su planta ensambladora de microchips en Costa Rica por motivo de costos, para centrarse en producir partes para dispositivos móviles con un refuerzo de operaciones en Vietnam y Malasia, como afirmó en esa ocasión el gerente de Intel para Costa Rica, Michael Forrest.

“Tanto en Estados Unidos, como en nuestras naciones, miles de empresas y millones de valiosos empleos se han perdido, como consecuencia de que tenemos décadas de promover políticas económicas de eficiencia y precio, sobre la autosuficiencia y la seguridad nacional y de que millones de personas tengan trabajos dignos en nuestras industrias”, dijo el presidente de CEO Advisors.

Por esa razón, la onda expansiva de inversiones que podría desatar la instalación de empresas de la industria estadounidense de microchips en nuestra región genera optimismo, ilusión y el deseo de que pronto se convierta en una realidad que beneficie a miles de centroamericanos y que traiga un efecto refrescante sobre nuestras economías.

 

Arturo Castro Barrantes

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