Un pediatra de vocación y corazón

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Un pediatra de vocación y corazón

El doctor Humberto Rivas está convencido que estudiar medicina es estar claro que el objetivo principal es servir a la comunidad con principios cristianos.

El doctor Humberto Rivas es director de Pediatría del Sistema de Salud Gonzales, en Texas, donde ejerce una labor con dedicación y amor por sus pacientes. 

Por Milagros Sánchez Pinell

El doctor Humberto Rivas, es un dedicado pediatra nicaragüense con calor humano que sirve a su comunidad con cariño y profesionalismo, razones por las cuales fue distinguido con el premio Saint Mother Elizabeth Ann Selon 2021, por la diócesis de la ciudad Victoria en Texas, Estados Unidos, tras ser nominado por Shiner Catholic School y la iglesia Católica de Shiner.

Al igual que esta santa católica, quien fundó la primera comunidad de mujeres religiosas en Estados Unidos, la primera escuela católica gratuita para niñas y también el primer hostal y orfelinato en la nación, el doctor Rivas ha dedicado su vida a cuidar y servir humildemente las necesidades de los demás.

Además es presidente de la Sociedad Médica del Condado Gonzales, miembro del Colegio Americano de Pediatras y miembro de la Sociedad Pediátrica de Texas.

“Me hace sentir agradecido y satisfecho porque es un reconocimiento a la labor que hago en la comunidad. Siempre he estado ahí apoyando, principalmente como el único médico pediatra en la zona”, expresa.

Actualmente vive en la ciudad de Gonzales en Texas, Estados Unidos, y es el director de Pediatría del Sistema de Salud Gonzales. También pertenece al equipo médico del Gonzales Memorial Hospital, Dell Children’s Hospital, St. David’s Medical Center y el Seton Medical Center en Austin, Texas.

Además es presidente de la Sociedad Médica del Condado Gonzales, miembro del Colegio Americano de Pediatras y miembro de la Sociedad Pediátrica de Texas.

El doctor Humberto Rivas, es un dedicado pediatra nicaragüense con calor humano que sirve a su comunidad con cariño y profesionalismo.

Por su brillante labor profesional ha sido honrado en la lista de “Texas Super Doctors” desde 2017 y ha estado en la lista de los médicos más destacados del “Texas Monthly Magazine’s” desde el 2016.

Está felizmente casado desde hace 21 años con Jessica y es padre de cinco hermosos hijos: Evan, Luke, Daniela, Gabriela y Alexandra.

“Le agradezco todos los días a Dios porque ella es increíble. Yo he encontrado la mayor felicidad de mi vida en el matrimonio con mi esposa, ha sido una bendición completa. También me ha llenado mucho el criar a mis hijos, los tipos de hijos que tengo también son una gran bendición”, comenta con un sentido orgullo de esos que hacen cambiar hasta el tono de voz.

El doctor Humberto Rivas está convencido que estudiar medicina es estar claro que el objetivo principal es servir a la comunidad con principios cristianos.

Vocación de médico desde niño

El doctor Rivas, jamás pensó ser otra cosa, su corazón y mente estaban enfocados en una sola dirección: ser médico. Lo logró a base de esfuerzo y sacrificio pero sobre todo de mucha dedicación e inspiración transmitida desde niño por su padre, el doctor Luis  A. Rivas Leiva y su madre, doña María Elsa Anduray.

Como el mayor de sus cuatro hermanos: Elsie, Luis, Claudia y José Luis (qepd), siempre se ha caracterizado por ser muy protector y cuidadoso de su ejemplo. Hoy en día, poseen una maravillosa relación donde abunda el respeto, la admiración y el cariño.

“Siempre pienso en lo que hago, en ser un buen ejemplo para mis hermanos menores de los que me siento muy orgulloso porque son excelentes profesionales y muy buenas personas”, dice.

Desde niño se destacó por ser excelente alumno, curioso, empático y un gran lector, pero también se dio tiempo para jugar como cualquier menor.

Después de estudiar medicina, emigró a Estados Unidos y enfrentó su nuevo reto, hacer sus exámenes de equivalencia después de perfeccionar su inglés.

Acompañar a su padre a las consultas domiciliarias que realizaba a sus pacientes, fue forjando su alma de médico desde muy pequeño. Con él aprendió a lidiar con las personas y a tratar a los pacientes con mucho calor humano, cualidades muy importantes en tan noble profesión.

“Mi papá y también mi abuelo (doctor Plutarco Anduray) dedicaron su vida al servicio de la gente en todo el sentido de la palabra. Ellos nunca se hicieron ricos con la profesión, vivíamos normal y modestamente. Había domingos que íbamos al cine y si lo llamaba un paciente nos teníamos que quedar ahí y él iba a verlo. Yo tuve ese ejemplo, lo traje aquí conmigo y lo hago de esa manera. Trato de comportarme éticamente, de manera que ahora mis hijos se sientan orgullosos de mí, como lo he hecho con mis padres y hermanos”, recalca.

Cuando terminó su bachillerato en el Colegio La Salle de Managua, su padre lo envió a Costa Rica, junto con sus otros hermanos, donde estudió la carrera de medicina y descubrió que quería especializarse en pediatría, gracias al buen ejemplo de sus profesores médicos.

El doctor Humberto Rivas felizmente casado desde hace 21 años con Jessica y es padre de cinco hijos: Evan, Luke, Daniela, Gabriela y Alexandra.

Posteriormente emigró a los Estados Unidos y enfrentó su nuevo reto, hacer sus exámenes de equivalencia después de perfeccionar su inglés. Es así como luego de extenuantes horas de estudios logró aprobarlos despejando el camino para su especialización en University of Medicine and Dentistry of New Jersey – Rudgers University Medical School.

“Es una satisfacción pasar los exámenes de equivalencia porque es difícil, ese examen lo aprueban de 9% a 12% de toda la gente que lo toma. Mucha gente pasa años intentándolo sin lograrlo y terminan dedicándose a otra cosa o se regresan al país de donde vinieron”, dice.

Sin embargo, como él mismo lo dice, nunca se sienta en sus laureles y siempre busca nuevas metas, continuó su lucha por  la especialización en pediatría, donde una vez más demostró su talante de hombre luchador y profesional capaz hasta el día de hoy.

Con la fe puesta en Dios

Atrás quedaron los enormes sacrificios, las estrecheces económicas, propias de los estudiantes, los trabajos antagónicos a su formación, las sopas instantáneas, el estrés y el desgaste emocional y físico que obliga una carrera tan demandante.

“Cuando estaba en Nueva Jersey estudiando, había días que me acostaba sin mirar la luz al final del túnel, sin embargo me ayudó mucho la fe en Dios que mi madre y padre me inculcaron. Los sacrificios fueron muchos y muy profundos”, recuerda.

“Yo les digo a mis enfermeras que independientemente de que tan enfermo esté un paciente me quedo hasta tarde para atenderlo”, doctor Humberto Rivas.

Pero como la perseverancia paga bien y el don de gente premia, hoy en día el doctor Rivas cuenta con la admiración y estima de su comunidad. Sin ser una estrella de cine, goza de una popularidad que le llena de satisfacción porque le reafirma que hasta hoy ha hecho las cosas muy bien.

“La gente me trata con mucha consideración, cariño y gratitud, quizás por el calor humano con el que trato a los pacientes. Yo les digo a mis enfermeras que independientemente de que tan enfermo esté un paciente me quedo hasta tarde para atenderlo. Entiendo la angustia emocional que es tener un hijo enfermo, incluso el ser padre me hizo mejor médico”, subraya.

Ese carisma que lo distingue, le ha garantizado la fidelidad y simpatía de muchos, como la de aquella madre que viajaba hasta 100 kilómetros para que sus hijos recibieran atención médica con él o aquel ciudadano que estrecha su mano orgullosamente para demostrarle su afecto y admiración.

“Como es una ciudad pequeña todos nos conocemos, eso ayuda a desarrollar amistades muy cercanas y que nuestros hijos crezcan en un ambiente muy familiar. Se siente el cariño y el respeto de una comunidad que en ciudades grandes se ha perdido”, explica.

Con casi tres décadas ejerciendo la medicina, hoy más que nunca, el doctor Humberto Rivas está convencido que estudiar medicina, lejos de pensar en hacerse millonario, es estar claro que el objetivo principal es servir a la comunidad en todo momento con principios cristianos.

“Poder tratar a los niños es lo más satisfactorio porque disfruto ayudarle a los más vulnerables como lo son ellos. Jamás uno se acostumbra a perder un pacientito, aunque me muestre fuerte es emocionalmente drenante ver el dolor, sin embargo debemos mantener la compostura adecuada para ellos”, comenta.

Si bien todo lo alcanzado podría considerarse mucho, para el doctor Rivas nunca hay un “suficiente” en lo que puede llevar a cabo, siempre está buscando cómo implementar nuevos cambios en su quehacer profesional, mientras disfruta el tiempo con su familia y comparte las labores de padres junto a su amada esposa.

el autorRedaccion
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