¿El deporte nos protege del COVID-19?

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¿El deporte nos protege del COVID-19?

Desde pequeña Ana María Meneses es deportista y tal vez por eso evitó mayores consecuencias con el COVID-19.

El ejercicio ofrece cierta protección contra esta enfermedad, pero aun así hay que respetar todos los protocolos sanitarios y tomar algunas medidas de precaución.

Ana María Meneses es una deportista activa. Combina su trabajo como docente de preescolar con los fuertes y constantes entrenamientos de triatlón. Hace algunos meses, tuvo dolor de garganta, y al sospechar que podía ser algo más que una simple molestia acudió a un laboratorio para una prueba de COVID-19.

El resultado fue positivo.

“Me sentí impactada porque estuve sin relacionarme con alguien que tuviera esta enfermedad”, explica.

A pesar de que el síntoma inicial fue solo el dolor de garganta, con el paso de los días tuvo congestión nasal, dolor de cuerpo y perdida de olfato y gusto. A pesar de eso, estuvo sin secuelas y sin afectación en la parte respiratoria por lo que rápido volvió a la práctica del deporte.

Desde pequeña Ana María es deportista y tal vez por eso evitó mayores consecuencias, pero ella cree que este virus se comporta diferente en todas las personas.

Los efectos de esta enfermedad en los deportistas es un tema que aun se investiga y que cobra cada vez más importancia.

Los efectos de esta enfermedad en los deportistas es un tema que aun se investiga y que cobra cada vez más importancia. ¿El deporte nos protege del COVID-19?

Para la médica general Carmen Brenes Villalobos, el deporte provoca que aumente la frecuencia con la que la sangre circula en nuestro cuerpo. Esto provoca que las células que nos defienden tengan más opción de encontrar gérmenes que nos atacan.

Sin embargo, la única forma segura de evitar el contagio es el distanciamiento físico, el lavado de manos y el uso de cubrebocas en público y lugares cerrados.

“El deporte puede ayudar a que nuestras células de las defensas circulen más frecuentemente, esto hace que probablemente encuentren más gérmenes como virus o bacterias y tengan mayor oportunidad de defendernos de ellos, ya sea anulándolos por completo o en forma parcial. Además, existen sustancias llamadas citocinas que se pueden producir por los músculos, que nos permiten mantener nuestra inmunidad, y así mejorar la respuesta ante el virus, y a la vez acelerar nuestra recuperación”, señala la especialista.

El deporte provoca que aumente la frecuencia con la que la sangre circula en nuestro cuerpo.

Si bien, algunas personas tienen muy pocos síntomas o son asintomáticos, la recomendación inicial es evitar el ejercicio físico durante la enfermedad, sobre todo los primeros días, ya que nuestro cuerpo también requiere descanso cuando estamos enfermos.

Para la cardióloga Thelma Sánchez Grillo, coordinadora de la Comisión Nacional de Rehabilitación Cardiaca y Cardiología Deportiva de la Asociación Costarricense de Cadiología, los deportistas poseen el mismo riesgo de contraer la enfermedad que la población general, pero con pocas posibilidades de complicaciones.

“El riesgo de ser asintomático es que pueden contagiar a otras personas por lo que hay que aplicar siempre las reglas de protección sanitaria me cuido y te cuido. El deportista se defiende mejor a la infección en general, pero podría tener alguna enfermedad sin que se haya manifestado aún o adquirir una carga viral alta por estar cerca de varias personas enfermas de COVID”, detalla.

Las complicaciones serias consisten en el desarrollo de una respuesta inflamatoria exagerada con daño pulmonar, miocárdico, daño renal y manifestaciones tromboembólicas.

Contagio sorpresa

Roger Jiménez es un administrador de negocios y triatleta de 53 años, quien práctica deportes desde niño y lo hace de forma regular unas cuatro o cinco veces a la semana.

Por motivos de viaje se aplicó la prueba para detectar el COVID-19, aunque estaba sin síntomas. El resultado positivo llegó por sorpresa y también el temor de que los síntomas empeoraran.

Afortunadamente, la enfermedad se mantuvo sin mayores consecuencias como tos, secreciones o dolores. Lo único fue la pérdida de olfato, la cual se mantuvo por más de cuatro meses.

Al terminar la cuarentena Roger retomó sus entrenamientos de triatlón con la misma intensidad y energía.

La doctora Brenes recalca que el deporte es un elemento “protector” ante esta pandemia, pero advierte que aun sin haber desarrollado síntomas durante la enfermedad, puede ocurrir fatiga crónica, falta de concentración o inclusive pueden darse problemas pulmonares o cardíacos.

Por eso recomienda que a la hora de volver a la práctica del deporte, debe mantener una adecuada hidratación, dieta rica en frutas y verduras, ensaladas, y poca grasa de origen animal.

“La recomendación usual es considerar a cada persona en forma individual, dependiendo si fue asintomático o con síntomas leves, y de haber tenido síntomas, la recuperación se hará según órgano afectado, es decir, si tuvo muchos síntomas respiratorios, deberá iniciar con trabajo de los músculos respiratorios y caja torácica, y luego ir introduciendo los ejercicios comunes de fuerza, poco a poco”.

Los deportistas poseen el mismo riesgo de contraer la enfermedad que la población general, pero con pocas posibilidades de complicaciones.

Para la cardióloga Sánchez, es necesario estratificar el riesgo de los pacientes que han tenido COVID-19, antes de recomendar volver a la actividad física. Los pacientes con síntomas continuos o persistentes, o que presentaron síntomas graves necesitan una evaluación clínica médica adicional.

“El interrogatorio de los síntomas, el examen físico y los estudios iniciales deben guiar la toma de decisiones al momento de solicitar estudios de sangre e imágenes de mayor complejidad para descartar secuelas posteriores a la infección. Un paciente con COVID leve debe esperar para hacer ejercicio físico hasta dos semanas después de que desaparezcan los síntomas y el reinicio debe ser gradual y progresivo”, aclara.

Ella también explica que algunos estudios en deportistas con resonancia magnética nuclear cardíaca (RMNC) han evidenciado inflamación del miocardio (músculo cardiaco) después de la recuperación de la enfermedad.

“El desarrollo de nuevos síntomas, incluida la tos, disnea (falta de aire), palpitaciones, fiebre y anosmia: indican la necesidad de detenerse, buscar consejo médico si es necesario y reiniciar el proceso luego”, indica.

Todos los pacientes, previamente hospitalizados y gravemente enfermos con COVID-19, representan un grupo de mayor riesgo y se tratan con el protocolo de miocarditis con período de recuperación de tres meses sin ejercicio.

Inmunidad

La médica general Carmen Brenes indica que hay personas inmunes al SARS Cov-2. Varios estudios realizados en la Universidad de Berlín y en la Universidad de California han encontrado que las células T (linfocitos T), que se encargan de proteger el cuerpo de las infecciones, han logrado responder al SARS Cov-2 sin antes haber sido expuestos al virus. Esto sugiere que, probablemente, haber tenido una infección por otro coronavirus que produce resfrío común, puede estimular a los linfocitos T y al exponerse al SARS Cov-2, logran responder favorablemente. Esto los hace inmunes al virus como si estuvieran vacunados.

Desde pequeña Ana María Meneses es deportista y tal vez por eso evitó mayores consecuencias con el COVID-19.

Deporte preventivo

La actividad física y el ejercicio contribuyen a disminuir la severidad de la infección a través de sus efectos directos antiinflamatorios como a varios mecanismos ligados a su sistema biológico relacionado a la edad que disminuiría la respuesta exagerada del sistema inmune cuando se defiende del virus SARS-Cov-2.

Los deportistas tienen a tener una edad biológica menor a la cronológica ya que el ejercicio mejora su perfil metabólico.

¿Hay algún riesgo de contagio al practicar deportes al aire libre?

El virus SARS Cov-2 se dispersa y se diluye en el aire libre por el desplazamiento del viento, pero también se sabe que las gotas en las que se transporta el virus se evaporan más rápido en estas condiciones.

Si bien el riesgo es mucho más bajo, aun existe. Por eso es importante evitar estar de frente, mantener la distancia física y considerar taparse la boca al toser o estornudar, además de evitar gritar mientras practicamos deporte.

Algunas publicaciones de modelos de computadora mencionan que es mejor si caminan o corren ir a lado uno del otro con distancia de al menos 1,5 metros que ir uno detrás del otro.

luisdiego@vidayexito.net

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