Desde que llegó al mundo, Luis Liberman Gisnsburg inició una carrera por la vida a base de esfuerzo, obstáculos, triunfos y metas. Hoy, cuando muchos deciden retirarse a la vida reposada, este economista y ex gerente general del canadiense Scotiabank de Costa Rica, asume una prueba más, esta vez en la arena política.
Después de años de notable éxito en el mundo financiero y bancario, Liberman aspira a convertirse en uno de los dos vicepresidentes que acompañarán a Laura Chinchilla, quien podría ser la primera mujer en asumir la presidencia de ese país, si ganará el próximo mes de febrero.
En esta nueva etapa, Liberman toma toda su experiencia tras la culminación de una vida pletórica de éxitos con una brillante carrera en el Banco Mundial, el Banco Interfín y, posteriormente a la adquisición de esta entidad por el grupo canadiense, el Scotiabank.
Serio y formal, don Luis va al grano con sus respuestas y habla con claridad sobre su gran aporte al desarrollo del sistema financiero costarricense y sobre sus expectativas en la nueva aventura que viene por delante.
Más allá de sus muchos logros profesionales, se encuentra un hombre fuerte, luchador, comprometido por los cuatro costados con su futuro y el de los suyos. Un hombre a quien se le iluminan los ojos cuando habla de sus nietos, sus hijos, su mujer y su madre; cuando recuerda su pasado y sus raíces; cuando habla de sus amigos de décadas... ¡Ah! Y cuando se habla de la pesca, porque si hay algo en la vida que le apasiona es, precisamente, la pesca. De eso pueden dar fe los amigos que lo acompañan en sus travesías en el mar, ya sea por una 'escapada' de fin de semana, o bien para participar en los diversos torneos nacionales e internacionales que se realizan en la región.
Don Luis deja de lado su expresión formal cuando le preguntan cómo se siente como abuelo. Su pequeña nieta, de dos años, es la sensación de la familia y ahora todos están a la expectativa de la llegada del segundo nieto. Guarda un recuerdo cariñoso de su padre y la admiración y respeto hacia su madre, es motivo de que la llame la "jefa de la familia".
Como padre y esposo, considera que ha obtenido los triunfos más significativos: a base de empeño, cariño y consejos, al igual que él los recibió de sus propios padres, hoy puede sentirse satisfecho de su labor en la formación de personas de mucha valía en Costa Rica.
En el área de la formación, don Luis ha sido profesor universitario, miembro de una destacada firma de consultoría económica, ex presidente de la Asociación Bancaria Costarricense y de la Bolsa Nacional de Valores, deportista por afición y convicción. Las facetas de su vida las comparte con nosotros en la siguiente entrevista.
¿Hace cuánto vino su familia de Europa?
Mis padres eran de Polonia, de lugares diferentes, se conocieron aquí. Mi papá, Rodolfo, llegó, primero, a Veracruz, México; luego se fue a Guatemala y, posteriormente, llegó aquí, en 1927. Mamá, Bluma Ginsburg, vino directamente con su familia, en 1931.
Todo el mundo andaba buscando salir de Europa, sobre todo por la situación económica, y ellos vinieron en busca de nuevas oportunidades. Papá, mientras sus hermanos se fueron para Estados Unidos, él conscientemente vino a Costa Rica y se involucró en el negocio textil, haciendo camisas y, en los últimos 30 años, se convirtió en un reconocido importador de textiles de Japón, Inglaterra y Centroamérica.
¿Cuál fue la mayor enseñanza que le dieron sus padres?
Ellos nos decían que lo único verdaderamente nuestro es lo aprendido y nos empujaban mucho para que estudiáramos. Para ellos, que nosotros estudiáramos en la universidad fue un sacrificio, fue su objetivo. Y el hecho de que los tres hermanos logramos títulos y salimos adelante, era muy importante para ellos.
¿Cuántos hermanos son ustedes?
Somos tres. Yo soy el segundo. El mayor, Isaías, es ingeniero químico. Jack es empresario.
¿Recuerda algunas palabras de su padre que hayan calado en su vida?
Lo que me dijo fue que uno no puede comer con dos cucharas. "Estudie, trabaje, cuide la familia" .
¿Y su madre?
Como madre, es la que mantiene la disciplina familiar. Va a cumplir 90 años y sigue siendo la jefa de la familia.
¿Ha buscado sus raíces?
Toda la familia está en América, y conozco muy bien a todos mis primos, quienes viven en Estados Unidos. Mi esposa tiene su familia en Colombia y Estados unidos, y tenemos algunos parientes en Israel que vemos cuando vamos allá.
Sacó un doctorado en Economía en la Universidad de Illinois. Háblenos de esa etapa y por qué regresó a Costa Rica.
Fui a estudiar y saqué mi primer título en la Universidad de Los Ángeles. Para el doctorado me aceptaron varias universidades y escogí la de Illinois, donde tuve una linda experiencia, porque a la semana de haber llegado, me ofrecieron ser asistente de un profesor de Economía que daba clases en la escuela de administración de empresas. Yo calificaba exámenes y tenía las sesiones con los estudiantes de maestría, que eran mucho mayores que yo. Después de cuatro años como asistente, empecé a dar clases.
Lo bonito de la etapa del doctorado fue la relación con los profesores, muy cercana, el intercambio fue constante y muy intenso. De hecho, hoy día tengo comunicación con algunos de ellos y con algunos de mis compañeros de doctorado, con quienes todavía mantengo contacto. Incluso hay uno que he invitado a las bodas de mis hijos. Definitivamente, esa fue una etapa muy bonita.
Luego, decidí hacer algo más práctico, y opté por irme al Banco Mundial, en Washington, donde estuve casi tres años. Aunque mi objetivo era regresar a Costa Rica, pensaba quedarme un poco más, pero conocí a un joven ministro que me pidió que me viniera para ayudarlo en el Gobierno. Se trataba de Óscar Arias que, en ese entonces era ministro de Planificación.
Se dice que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. ¿Es ese su caso?
La conocí porque ella estaba de paso en Costa Rica, en casa de unos amigos comunes. Patricia (Loterstein) es originalmente colombiana, y su familia también es polaca. Por mi trabajo en el Banco Mundial, iba a Colombia cada dos o tres semanas, empezamos a salir y nos casamos. En enero cumplimos 35 años de matrimonio.
¿Cuál es su clave para este éxito?
Yo creo que el hecho de que Patricia haya aguantado todas mis obligaciones con el Banco, la academia y la consultoría. El mérito es de ella, más que mío. Nos ha ido bien y ahí estamos.
¿Qué es lo que admira de su esposa?
La perseverancia, y que ella es la que lleva la casa. Es el centro de la familia; con todas las actividades mías, ella mantiene el balance entre todos nosotros, y la paciencia que ha tenido conmigo con esta vida tan agitada que he llevado.
¿Qué piensa ella de su decisión de entrar en política?
Yo hablé con toda la familia antes de tomar la decisión, y la verdad es que todos dijeron que me iban a apoyar en lo que yo decidiera. Patricia me ha ayudado mucho en este tema. Ella entendió el sacrificio que iba a ser esta etapa de la campaña.
Háblenos de sus hijos.
Son tres: Vivian, Marcos y Sergio. Ya están volando solos.
Mi hija es abogada, le ha ido muy bien profesionalmente; Sergio es arquitecto, se independizó en media crisis económica, y la está luchando; y el menor, Marcos, está siguiendo mis pasos en la Banca y esperamos que vaya al extranjero a hacer una maestría como sus hermanos. Ahora está en Credit Suisse, que ha sido de una gran formación para él.
¿Qué es lo más importante que ha querido transmitir a sus hijos y nietos?
A mis hijos les inculqué el amor por el estudio y el trabajo. Son muy disciplinados en su vida, trabajan duro, son buenos cónyuges, saben de dónde vienen, que tienen que trabajar para salir adelante, que es parte de lo mismo que hizo mi papá con nosotros. Son muy disciplinados.
¿Tuvieron el deseo de vivir en Israel?
Mis hijos han estado allá y la han pasado muy bien pero tenían claro que querían venirse para Costa Rica. Igual en su vida personal y profesional.
¿Qué significa su nieta en su vida?
Ella es el centro de la familia, todo es alrededor de ella. Ahora que va a tener competencia, vamos a ver qué pasa, cómo nos va con dos (el segundo nieto nacerá este mes). Es una experiencia muy bonita, es una relación muy diferente a la se vive cuando se tienen hijos: uno es más maduro y no se tiene la obligación de estar todo el tiempo ahí.
En las horas que le quedan libres, ¿qué tiempo le dedica a Luis Liberman?
Yo soy de los que va al gimnasio, hasta cuatro veces por semana. Aparte, soy pescador de mar, me gusta mucho y trato de ir los fines de semana. En cuanto a la lectura, soy aficionado a la historia, la literatura moderna y las publicaciones a las que hay que dedicarle tiempo. Me encanta la música clásica y los domingos tratamos de ir en familia a escuchar a la Orquesta Sinfónica al Teatro Nacional.
¿Qué otras actividades hace usted?
Yo trato de hacer ejercicios. Si estoy varios días en la playa, me gusta hacer ciclismo. Me gusta hacer 30, 50 ó 70 kilómetros de bicicleta, según el tiempo que permanezca. Mi preferido es el ciclismo de ruta, y me gusta más que ir al gimnasio. También jugaba tenis.
Como aficionado me gusta mucho el fútbol europeo, el béisbol (dos de mis hijos jugaron en las pequeñas ligas en Costa Rica). De mis años en Estados Unidos, me aficioné al fútbol americano y todavía lo sigo. Mi equipo de béisbol son los Yankees de Nueva York, en el fútbol americano es el Dallas; y en el fútbol costarricense, he sido del Deportivo Saprissa toda la vida.
Para usted, ¿quiénes son sus amigos?
En general son gente de toda clase de profesiones, amigos míos desde la infancia, de mi adolescencia. Tengo amigos que fueron compañeros desde el Liceo de Costa Rica, amistades nuevas que he venido teniendo en el tiempo, como mis colegas economistas. El hecho de que yo no estudié en Costa Rica ha hecho que tenga amigos en el extranjero, y desde que vine al país también tengo amistad con quienes trabajé, y ahora considero que son como hermanos, como los de Cefsa (Consejeros Económicos y Financieros). Yo soy muy amigo de mis amigos y se me hace muy fácil hacer amistades, algunas por muchos años.
¿Cómo nace el Banco Interfín?
La idea salió de una conversación. Después del Gobierno de Daniel Oduber, en que terminé como viceministro de Hacienda, estuve como asesor en la parte financiera de unas empresas textiles. En ese tiempo, me llamaron otra vez del Banco Mundial, donde ya había trabajado. Allá me encontré con otro costarricense y le conté los trámites que había que hacer para sacar un crédito de producción, en especial para empresas consolidadas, pues el sistema financiero no tenía ni pies ni cabeza. Entonces, juntamos a diez personas más y comenzamos una financiera, en 1979; la historia empieza de la experiencia que yo tuve en ese momento con la banca estatal, que era muy diferente a lo que es hoy en día.
En 1981 muchos clientes decían que era muy difícil lidiar con una financiera, y se transformó lo que era Corporación Internacional de Finanzas en Banco Interfin. Lo interesante es que nosotros nos convertimos en uno de los principales suplidores de crédito del sector industrial de Costa Rica, ese fue nuestro inicio. La disciplina tuvo mucho que ver.
¿Qué tipo de disciplina?
A la disciplina con la que hay que manejar una entidad financiera. Es muy fácil ser simpático con los amigos, la familia y los socios. En eso Costa Rica se adelantó, con sus regulaciones, al resto de la región. Las relaciones, la calificación de crédito, la manera en que se otorga el crédito, los préstamos a empresas relacionadas con socios o gerentes, eso hay que tenerlos de largo y entender que uno está lidiando con fondos de terceros, con depósitos del público que hay que devolver. Nosotros, desde antes de las regulaciones, tomamos en cuenta este aspecto.
Durante 26 años fueron los dueños del Banco. Luego, hay otros que son los dueños. ¿Cómo fue ese proceso y cómo lo convencieron para quedarse?
Me quedé por dos cosas: una, yo quería participar en el proceso de la fusión de los dos bancos. Me parecía que era importante por la gente, por las culturas, por aprender cómo se podía hacer una fusión. Yo participé en la parte de la adquisición, entonces quería ver cómo era la parte de la fusión, que no es 'pan comido'. Es un proceso difícil.
Además, yo quería ver cómo funcionaba una institución multinacional, cómo se administra, cuáles son los pesos y contrapesos. Si bien es cierto que yo no tenía las mismas prerrogativas cuando solo había una junta directiva local, una vez que me gané el respeto de la gente en Canadá pudimos negociar todas las cosas que queríamos para el país. Canadá fue el único país desarrollado cuyo sistema financiero sufrió poco con la crisis, por la cultura de riesgo que tienen. Esa cultura yo la aprendí, y por eso los convencimos de cambiar ciertas políticas, por ser poco aplicadas en esta parte del mundo, y que lo que estábamos haciendo no era cambiando el perfil de riesgo, y el banco se ha beneficiado con eso. Se trata de conversar y tratar de convencer.
Mi relación con toda la gente importante allá en Toronto era extraordinaria, de confianza, de poder expresarse libremente. Hay gente a quien le fue imposible acostumbrarse a eso, hay colegas de bancos centroamericanos que pasaron por esto y que dijeron que no tuvieron la paciencia; primero, de ganarse la confianza; y, segundo, de empezar a negociar las cosas y decir cómo se pueden hacer. Nosotros logramos muchísimas cosas.
¿Qué balance hace de su vida profesional dedicada a la banca?
Muy interesante. Costa Rica ha sufrido una revolución en el sistema financiero y me da mucho gusto haber sido parte de ella. Había cuatro bancos del Estado, que se comportaban casi como ministerios donde todo era muy difícil, y pequeñas financieras. Pero los despertamos y los pusimos a competir.
Ahora tenemos un sistema bancario muy competitivo, que cambió de carácter, porque gran parte lo manejan los bancos internacionales en la parte de la banca privada. Pero también tenemos a dos bancos del Estado que son muy competitivos. Ahí ha habido un gran cambio, que yo viví y he sido parte de ese cambio.
Lo satisfactorio fue que, además de administrar un banco, participé de ese proceso de cambio.
Viniendo de la banca y pudiendo hacer otras cosas, ¿qué lo motivó a aceptar el reto de la política?
Mire, la verdad es que yo había tomado la decisión de jubilarme en el primer semestre del 2010. Ya había llegado al final de una etapa, ya había hecho lo que yo quería hacer en el sistema financiero, se vendió Interfín y me pidieron que me quedara como ejecutivo principal de Scotiabank, me gustó todo el proceso, conocí cómo trabajan por dentro, me nombraron como presidente de Scotiabank de El Salvador. Todo estaba muy interesante; pero pensé que era suficiente.
Esto [del nombramiento para vicepresidente] me tomó por sorpresa. Yo había empezado a trabajar en la campaña, ayudando en ciertas cosas, pero el hecho de que doña Laura Chinchilla me haya llamado a ese cargo, me puso a reflexionar que uno tiene que devolver algo de lo que el país le ha dado, y sé que tengo la capacidad de ayudar, en especial en lo que me han pedido, coordinar todo lo relacionado con política económica. Eso fue lo que me llevó a hacerlo. Empecé en el sector público mi carrera profesional y la voy a terminar en el sector público.
Pienso que Laura balanceó muy bien la escogencia de sus vicepresidentes: uno que sabe mucho de ecología y educación, y otro de la parte económica, y ella que sabe de la parte política. Así que va a ser muy interesante el trabajo que vamos a tener.
¿Cómo visualiza a Costa Rica individualmente, y dentro de Centroamérica?
Creo que la inserción de Costa Rica en la economía mundial se va a acelerar pasando la crisis. Tenemos cualidades que nos lo permiten. Aún en media crisis, compañías que necesitan gente bien entrenada están viniendo al país y creo que eso va a continuar, lo que nos lleva a acelerar la educación de más jóvenes en el campo técnico, tanto universitario como a nivel de técnicos. Veo con mucho optimismo el retomar y mejorar las relaciones tanto políticas como comerciales con el resto de la región, que es uno de nuestros principales mercados de los sectores industrial y agroindustrial, son nuestros vecinos y con quienes hemos tenido una relación de muchísimos años. Siento más cercana la relación con Centroamérica para los próximos años.
¿Qué quiere dejar como legado de su trabajo como futuro vicepresidente de Costa Rica?
Que al final logremos haber sacado a Costa Rica de la crisis económica creada desde afuera, que el país esté creciendo más, que hayamos creado los trabajos que se requiere, que la gente se sienta mejor de lo que se siente hoy en día, y que los hijos se sientan orgullosos de que uno hizo lo que tenía que hacer, que salgamos con la cabeza alta de esto.
¿Qué hay en común entre el financiero y banquero, y el padre, esposo y abuelo?
Más que nada, el compromiso. Uno tiene que estar comprometido con lo que hace, y comprometido con la familia, con los hijos. Yo soy una persona de 12 ó 14 horas de trabajo al día, eso es lo que he hecho toda mi vida. Pero, igualmente, se debe estar con la familia y amigos, disfrutar las cosas importantes de la vida.
¿Por qué le gustaría que le recuerden?
Simplemente porque soy una persona honesta, que hizo lo mejor que pudo y logró formar una familia ejemplar.
¿Hay algo que se quedó sin hacer por falta de tiempo?
Siempre queremos viajar más, estudiar más. Hay cosas que se quedan en el tintero. De mi parte, lo que quería hacer una vez que saliera del banco era conocer más lugares del mundo; se quedará para después. También me hubiera gustado tener tiempo para estudiar un poco más, me gusta mucho la historia e incluso haberme metido a la universidad, pero veo que todo eso se pospone.
|