Decir Zamorano es sinónimo de excelencia. Desde sus inicios este proyecto universitario no conoció fronteras ni ninguna otra cortapisa que pudiera limitar sus elevados objetivos. La Escuela Agrícola Panamericana, más conocida como el Zamorano -universidad sin ánimo de lucro registrada en Estados Unidos, que empezó su andadura en Honduras, en el Valle del Yeguare, en 1942- cuenta ya con 6.000 graduados de 22 países del continente americano.
Son dos los principios fundamentales del Zamorano: "El panamericanismo y aprender haciendo, el cual va de la mano con la excelencia que nace de la experiencia", subraya Luis Salazar, director de Comunicaciones de la institución. Y es que sin duda alguna el principal rasgo distintivo de este centro universitario es el equilibrio que existe entre el estudio y las experiencias prácticas, pues el 50% del tiempo se dedica al trabajo.
Otros de sus pilares son la formación de valores y del carácter y el liderazgo. En este sentido, el portavoz del Zamorano señala que los estudiantes "viven en el campo, lo que no es muy normal en Latinoamérica". En cuatro años se gradúan, "es un proceso estricto, no puede haber atrasos".
Los alumnos, 1.018 en la actualidad, provenientes de 17 países de Latinoamérica, llevan uniforme en el campus: "jeans, camisa azul, botas y hasta calzoncillos, de manera que todos están en el mismo plano". El costo de cada alumno por año asciende a US$15.000. "El 30% paga la matrícula completa y el 70% restante recibe ayuda financiera", detalla Salazar. De los becados, el 30%, "jóvenes con mucho potencial que provienen de zonas rurales", disfrutan de becas completas, y el restante 40%, las obtiene parciales.
El encomiable apoyo que reciben los estudiantes procede de la labor altruista de sus donantes: empresas privadas, gobiernos como los de Estados Unidos, Alemania o Japón, fundaciones y otras organizaciones no gubernamentales. "Para nosotros es fundamental ese apoyo, y quien quiera participa. El 70% de las becas existe gracias a ellos", resalta el director de Comunicaciones de la universidad. Ellos creen en el sistema de educación 'zamorano': la fusión de teoría, práctica y formación de carácter y valores, en un ambiente panamericano. Por ejemplo, gobiernos del continente como el de Panamá ha ofrecido más de cien becas a jóvenes de origen indígena, y el de Guatemala destinó 25 becas a estudiantes provenientes de las zonas más pobres del interior del país. La Fundación Nipona es otro de los donantes.
Oferta académica
Este centro universitario oferta cuatro ingenierías relacionadas con el agro, "a través de ellas se ve la cadena de valor desde la producción hasta la comercialización". Las carreras son: Ciencia y Producción Agropecuaria, Agroindustria Alimentaria (transformación de los productos), Administración de Agro-negocios y Desarrollo Socioeconómico y Ambiente (ingeniería ambiental, en la que se abordan los tres eslabones de la cadena -producción, transformación y comercialización- de una manera sostenible).
En el Zamorano hay "13 empresas universitarias 'comerciales'. El 50% de los productos se venden en el mercado interno en Honduras y sirve para su sostenibilidad". Se cuenta, por ejemplo, con una empresa de lácteos, otra de productos cárnicos (donde se practica el sacrifico de los animales, su corte, limpieza, etc.) y una planta hortofrutícola y dos agroindustriales. Además, disponen de un supermercado para poner en práctica, por ejemplo, el etiquetado de los productos. En cuarto año, los estudiantes viajan a Miami para conocer los puertos y cómo se han de desempeñar con los vendedores.
¿Pero cómo recluta la universidad hondureña a sus estudiantes, "los mejores de Latinoamérica"? "Los graduados ayudan a buscarlos en todos los países", dice Luis Salazar. Los candidatos deben superar un examen de aptitud y preparar un ensayo, además de que se tiene en cuenta su historial de calificaciones.
Vida disciplinada
Cuando ingresan en la universidad, comparten cuarto entre dos o tres alumnos de diferentes países al menos durante el primer año. "Muchos no han salido de sus pueblos y se les entrega una computadora portátil, tienen internet y un horario que les lleva de una actividad a otra", relata Salazar. No pueden faltar a sus obligaciones, ni llegar tarde, deben ordenar su cuarto cada mañana y mantener la misma disciplina de limpieza en su área de trabajo y en su aseo personal. "Aprenden a trabajar en equipo y se entretienen de manera muy sana". En el Zamorano se conjugan educación, proyección e innovación, "áreas que van de la mano y apoyan a la población latinoamericana".
Para los 'zamoranos' también es un aspecto relevante su participación en los clubes estudiantiles, para desarrollar actividades e intereses fuera de sus responsabilidades académicas. La oferta es amplia: idiomas, deportes, artes, gastronomía, campismo, etc. Son más de cuarenta.
Otra experiencia en su aprendizaje, antes de terminar la carrera, es la pasantía, un trimestre en el que se combina la teoría y la práctica. "Aplican para universidades, fundaciones y empresas alrededor del mundo", detalla el portavoz del Zamorano. "Tenemos más demanda que el número de pasantías por año". En 2008 los estudiantes viajaron a casi 30 países de América, el Caribe, Europa y Asia. Así surgen "muchos puentes para que continúen con maestrías y doctorados".
Sobran las palabras. Basta con dos: Zamorano es sinónimo de excelencia. Un orgullo para toda la región.
El sueño de dos visionarios
"Los fundadores querían atraer a jóvenes de todos lados, sin importar de dónde vinieran ni el costo de su educación", rememora Luis Salazar, director de Comunicaciones de Zamorano. Samuel Zemurray, presidente de la United Fruit Company, convenció, en 1941, al doctor Wilson Popenoe, distinguido botánico y explorador estadounidense, para que se convirtiera en el director fundador de la Escuela Agrícola Panamericana. Juntos se afanaron en fundar una institución educativa latinoamericana que combinara el rigor académico con el aprendizaje práctico.
Popenoe, quien dedicó quince años a la universidad, se internó en las tierras altas centroamericanas, hasta que dio con el lugar perfecto para el proyecto: una hacienda de 1.500 hectáreas en el Valle del Yeguare, a 30 kilómetros al sureste de Tegucigalpa, que había sido propiedad de una familia oriunda de Zamora, provincia de España. De ahí el nombre por el que se conoce mundialmente a la universidad.
En la actualidad el campus abarca más de 5.000 hectáreas. La primera mujer se graduó en 1981, hoy las alumnas representan una tercera parte del total de la población estudiantil. Y el Zamorano, desde 2003 bajo el liderazgo del rector Kenneth Hoadley, estadounidense que ha vivido más de 18 años en Latinoamérica, mejora cada año para afrontar los retos de la región.
www.zamorano.edu
Zamoranos por siempre
Entre los jóvenes graduados del Zamorano y la institución se establece un vínculo semejante al cordón umbilical: terminan sus estudios pero nunca llegan a desvincularse de la universidad. Hacen aportaciones monetarias y colaboran en sus programas.
Los 'zamoranos', como se conoce a los egresados, ocupan puestos directivos en la industria, los gobiernos, el mundo educativo, y en el campo de la ciencia y la investigación. Hay ministros y asesores en gobiernos de República Dominicana, El Salvador, Honduras, Paraguay y Ecuador. Destacan por su carácter emprendedor ya sea manejando empresas tradicionales, ranchos ganaderos, plantaciones de café, cadenas de supermercados, compañías de energía renovable, como consultores en el campo de los productos orgánicos o trabajando en el campo de las finanzas o en fundaciones y organizaciones sin fines de lucro. Muchos dedican parte de su carrera a la enseñanza en la universidad a la que deben su razón de ser.
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