Entrar a las oficinas de Víctor Herrera, el personaje de nuestra entrevista, es toda una experiencia. Hay que imaginarse un local de varias hectáreas de terreno totalmente cubiertas de camiones de dieciocho llantas repletas de mercadería entrando y saliendo constantemente. Es en este local donde se encuentran las oficinas centrales de Transportes H&H / TransAmérica, posiblemente la empresa de transporte de mayor importancia en Centroamérica.
En el corazón de este plantel están las oficinas de Víctor y Gonzalo Herrera, hijos del gran empresario de transporte costarricense Don Víctor Emilio Herrera. Lejos de ser estancias lujosas, como se podría esperar de una persona que presidió con éxito el Directorio del Banco de Costa Rica (BCR), uno de los bancos más importantes de Centroamérica, las oficinas de los hermanos Herrera reflejan la ética de trabajo inculcada por su padre y la frenética actividad comercial que la empresa tiene al ser la líder del transporte en nuestra región.
Al entrar a la oficina de Don Víctor se respira un aura de amistad, producto del roce humano del empresario y su hermano con la gran familia corporativa de Transportes TransAmérica, donde laboran centenares de personas en Costa Rica así como en todos los países de Centroamérica donde la empresa tiene oficinas.
Platicar con Don Víctor da gusto. Hombre elegante y caballeroso, explica con humildad que su éxito se lo debe al seguir el legado de su padre, el apoyo incondicional de su hermano Gonzalo y al esfuerzo que día a día ponen los colaboradores de su empresa.
En la oficina de Don Víctor notamos recuerdos de sus hijas y su nieta, preciosas mujeres que lo hacen feliz. Cuando habla de ellas, Don Víctor se llena de alegría.
Durante la entrevista realizada por nuestro editor Rodrigo Díaz, don Víctor indicó que su edad era un secreto, pero hace cuatro semanas cuando viajó a Nueva York me dijo que estaba en la ciudad de los rascacielos celebrando sus 50 años, así que el secreto ya ha sido revelado.
Nos cuenta don Víctor que uno de sus mayores logros en su vida corporativa fue haberle dado un gran momentum al Banco de Costa Rica en términos de números, y a su vez haber promovido múltiples causas sociales en beneficio del pueblo de Costa Rica.
A continuación la entrevista realizada por nuestro editor Rodrigo Díaz:
¿Cuándo surge la empresa de transportes?
Esta empresa la fundó papá (Víctor Emilio Herrera) hace 40 años y comenzó como una alternativa para variar sus actividades empresariales, que por varias décadas se había enfocado en la construcción de carreteras. Él murió hace 15 años y desde hace 12 mi hermano Gonzalo y yo tomamos la decisión de cambiarle el nombre de Transportes H&H a Transportes H&H / Transamérica, hoy mejor conocido fuera de Costa Rica, como Transportes TransAmérica.
Durante todos estos años hemos sido transportistas de contenedores y operamos terminales de acopio. Nos empezamos a dar cuenta de que los procesos de fusiones y adquisiciones de las empresas en Centroamérica provocaron que la producción de dichas compañías, se concentrara en un solo país y de ahí exportaran sus productos al resto de la región. Esto genero un incremento del transporte intracentroamericano.
Decidimos entonces clonar nuestra organización en el resto de Centroamérica, por lo que compramos una flota en Nicaragua y años después hicimos lo mismo en Guatemala y El Salvador. Todas las empresas en estos países llevan el nombre de Transportes Transamérica.
Luego nos percatamos de que el tráfico de México a Centroamérica también se había incrementado, por lo que fundamos Transportes Transamérica de México, con camiones arrendados en ese país, con los cuales llevamos volúmenes importantes de carga a través del istmo. De ahí que nuestro rango de acción es realmente mesoamericano ya que va desde Panamá hasta el norte de la Ciudad de México.
¿Qué estrategia de expansión sigue ahora?
Lo que hicimos fue que hace año y medio compramos una empresa de consolidación de carga, llamada Karpa. Se trata de una empresa que se encarga de comprar como mayorista una serie de espacios en gran escala a las líneas navieras con descuentos interesantes y después revende esos espacios a los exportadores o importadores, sea para el consignatario o para el embarcador. Es la segunda empresa más grande de su tipo en la región y la estrategia es de integración vertical.
Con nuestra empresa de transportes y con la consolidadora de carga sentimos que nos estamos preparando para los altos volúmenes de trasiego de materias primas y producto terminado que esperamos lleguen a generarse con el acuerdo comercial con Estados Unidos y el que está por firmarse con la Unión Europea, sumado a otros convenios establecidos en la región.
Obviamente estas decisiones se tomaron antes de que las condiciones en la economía mundial cambiaran drásticamente, pero estamos confiados en que cuando se dé la recuperación, los volúmenes de carga vuelvan a sus niveles previos a junio de 2008.
A futuro, ¿en qué piensa?
Nuestro siguiente paso es repetir la historia del proceso de expansión regional que hicimos con Transportes Transamérica en la empresa de logística que adquirimos hace año y medio, enfocados en la integración vertical, buscando alianzas, fusiones, adquisiciones.
La competencia es muy fuerte y la regionalización que hicimos tenía como objeto convertirnos en un competidor fuerte en el área, preparándonos para lo que la integración en Centroamérica y los tratados pudieran significar, tanto desde el punto de vista de oportunidades como de amenazas.
En México ya compiten empresas de Estados Unidos, Centroamérica es un mercado de casi la mitad del mexicano, no hay razón para pensar que vamos a seguir aislados. Ya han venido bancos, compañías aseguradoras, panificadoras, empresas distribuidoras de bebidas, supermercados. La regionalización llegó para quedarse.
Sus ideas como la creación de un ferrocarril regional o las dificultades de los trámites en las fronteras, ¿las visualiza como una amenaza o ven en ellas oportunidades?
Un ferrocarril intracentroamericano para movilizar los volúmenes que tiene la región hoy en día es un sueño muy lejano y difícilmente rentable en virtud de la inversión que implicaría y con una situación topográfica limitante para ferrocarriles de carga.
En el tema de fronteras, Centroamérica todavía padece un tema complicado. Para transitar 1.300 kilómetros de San José a Guatemala, tardamos cuatro días, mientras que un camión en Estados Unidos recorre esa misma distancia en un solo día.
No obstante, ya existe un acuerdo entre Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua que funciona bien desde el punto de vista migratorio y vemos avances en el tema aduanero. Otro problema que existe en los países del norte es que no se puede transitar de noche, por el tema de seguridad.
En resumen, se deben resolver problemas de infraestructura, integración aduanera y seguridad para tener mejores eficiencias y ser más competitivos como región. La seguridad es un tema muy importante, porque hay que parar los camiones, y cuanto más tiempo estén detenidos, más incide en los costos.
¿En qué otros negocios participa?
Principalmente producimos banano en la zona atlántica. Por esa razón es que yo presidí la Cámara de Bananeros y después Corbana (Corporación Bananera Nacional).
¿Qué ventajas tiene tener una mentalidad regional y no local?
El detonante para cambiar la mentalidad local a regional fue que hace once años decidimos no crecer más en Costa Rica, porque había oportunidades en el resto del área. Actualmente, el 50% de nuestros ingresos por transporte y logística proviene del resto de los países de Centroamérica.
Las ventajas que trae eso es que uno diversifica el riesgo geográfica y políticamente, diversifica carteras, crea una base más amplia de clientes, se ensanchan los horizontes y mejoran las operaciones en cada uno de los países porque uno puede extrapolar de un país a otro las mejores prácticas que ya has identificado.
Entonces no estás dentro de una muralla como en la Edad Media, sino que ampliás tu visión de mundo en la medida en que conocés otras culturas, otros mercados, otras formas de hacer lo mismo que has venido haciendo durante 30 años en tu país de origen.
De manera que ha sido una experiencia muy enriquecedora, hemos aprendido muchísimo en los demás países de Centroamérica y hemos también podido exportar algo de lo que teníamos en Costa Rica. La combinación de lo que encontramos con el talento que tuvimos la suerte de reclutar ha hecho que nuestra operación en Centroamérica haya logrado cosechar logros muy interesantes.
Desde su perspectiva personal, ¿ha cambiado su mentalidad el estar viajando a los demás países?
Ha sido muy enriquecedor, hemos conocido a gente muy interesante, muy valiosa. En cada país hay una cultura de negocios diferente, una interacción social diferente que nos ha parecido sumamente agradable. Nos han recibido con los brazos abiertos en las comunidades empresariales y con quienes hemos interactuado, nos han abierto las puertas de sus compañías y de sus casas, y eso es muy gratificante.
En El Salvador nuestros socios son la familia Flores, con quienes mantenemos una gran amistad, es gente con la que tenemos una excelente relación y un profundo agradecimiento por sus aportes y su especial trato. Ha sido una experiencia muy bonita, no solo desde el punto de vista comercial, sino personal porque cultivamos experiencias muy valiosas en cada uno de esos países.
¿Cómo llega usted al Banco de Costa Rica?
Ellos querían incluir en la junta directiva a un empresario que tuviera experiencia en la región. No tenía ninguna experiencia como banquero, sino como deudor (risas), y no había participado en juntas directivas de ningún banco.
Quienes me invitaron a participar argumentaron que bancos muy importantes alrededor del mundo con toda la intención llevan a sus juntas directivas a gente que procede de otros sectores como turismo, comercio, etc. Antes de tomar la decisión, me acordé de un libro escrito por un gurú de la administración de empresas, que decía que al menos el 70% de las habilidades en la gestión de una compañía, son iguales en cualesquiera otras, por lo que acepté el reto, el cual ha sido muy gratificante.
Me imagino que la idea era contar con un empresario para participar en una empresa pública que está en franca competencia en el mercado con empresas privadas, y que en ese momento estaban siendo absorbidas por entidades globales muy exitosas. Así que el reto no era fácil.
¿Cuáles fueron sus aportes en su gestión con el BCR? ¿Qué logros se alcanzaron?
Preparamos al banco para la competencia que se avecinaba. ¿Cómo? Recuperamos la cartera corporativa, ampliamos la base de clientes en banca de personas, lideramos una disminución de los márgenes de intermediación, lo que le favoreció a la competitividad del sector empresarial y esto fue un gran aporte a la banca costarricense.
Para nuestra satisfacción, a lo largo de ese proceso, el banco creció enormemente. Pasó de 90 sucursales a 230, convirtiéndose en el banco con más sucursales en Costa Rica; las utilidades aumentaron en más de un 300%; nuestra cartera de crédito creció significativa y sanamente, pues al término de mi período, la morosidad era menor al 1%; desde el punto de vista patrimonial, el banco se encuentra en una situación muy saludable; adquirimos el control mayoritario de Bicsa (Banco Internacional de Costa Rica, S.A.) con la intención de expandirlo en la región, entidad en la que estuve tres años como presidente y dos como vicepresidente; e hicimos una alianza estratégica con el Banco Crédito Agrícola de Cartago.
Tengo el gusto de haber compartido esa junta directiva con gente muy competente, muy honorable y exitosa; así como haber contado con una administración de gente muy capacitada y de primerísima calidad, tanto en el banco como en sus subsidiarias. Los resultados obtenidos no hubieran sido posibles si no hubiera estado el equipo con el que pude participar.
También formaron parte de la Alianza Bancaria Internacional.
En virtud de que nuestro banco tiene limitaciones legales para operar fuera de Costa Rica, tomamos la decisión de tomar el control mayoritario de Bicsa que tiene operaciones en todos los países de la región y en Estados Unidos, como instrumento y plataforma para regionalizar algunos de los servicios que el BCR tiene. En el interín, asociamos al BCR en este grupo que está conformado por algunos bancos de la región, con lo que pretendíamos ofrecer facilidades y servicios a clientes de estos países. Comenzamos con la alianza y luego concretamos la oportunidad que representaba adquirir el control de Bicsa.
¿Cómo se vinculó al tema de la responsabilidad social empresarial?
En el banco di un aporte al programa Unidos por la Niñez, que rescata a niños y adolescentes en riesgo social.
Esa idea fue inspirada en una familiar muy cercana, hija de empresarios destacados, que nació con una minusvalía importante y es hoy una persona superada, tan superada, que estudió Periodismo y Literatura, y se graduó en una universidad de Estados Unidos.
Logró superar sus limitaciones y fue gracias a que sus padres le pudieron suministrar terapia, medicina, cariño y apoyo suficiente para que lograra ser una profesional extraordinaria. Es una fuente de inspiración para cualquiera de nosotros. La diferencia se dio en que hubo quien la tuviera en sus brazos, rodeada de amor y de recursos suficientes para superarse.
Cuando me di cuenta de que esta muchacha estaba en la universidad, pensé en lo que puede hacer el cariño, el apoyo y los médicos, y vi los casos de muchos niños que son abandonados por sus padres que no pueden ni comprarles una silla de ruedas, y menos darles una terapia. Esas son personas condenadas a un cajoncito de madera en el suelo, en una casita muy humilde.
¿Cómo se constituyó Unidos por la Niñez?
Yo fui el gestor y tuve el agrado de que mis compañeros de junta y la administración de banco me apoyaran con esto.
Es un programa lindísimo, porque los empleados del banco pusieron un capital semilla donando horas y días de trabajo. Ese capital semilla se invierte, se multiplica, y con éste fondeamos algunas instituciones dedicadas a la niñez, velan por chiquitas que eran prostitutas, niños drogadictos, niños con parálisis, en fin, niños con riesgo social. Este programa de responsabilidad social no ha sido muy difundido pero ha cosechado importantes frutos. Muchos de estos niños ya se han graduado, han salido de las casas de albergue y ya tienen trabajo.
Actualmente es una fundación con toda su estructura, administrada por el banco. Antes de salir del banco me encargué de que el programa Unidos por la Niñez, que tiene cuatro años, prevalezca en el tiempo.
Haciendo un alto en el camino, ¿qué conclusiones saca de su vida personal, de lo que ha hecho hasta el momento?
Lo resumo en que tengo que estar muy agradecido con Dios, y con mi padre que me dejó una llave de oro que me permitió abrir muchas puertas y que me ha permitido crecer como persona y profesional en este paraíso natural llamado Centroamérica.
¿Qué visualiza como persona?
Yo creo que después de 12 años presidiendo empresas públicas como Corbana, el Banco de Costa Rica y sus subsidiarias y Bicsa, me parece que ya aporté mi granito de arena a la función pública, y me gustaría dedicarle un poco más de tiempo a mis hijas, mi nieta, y de nuevo volcar toda mi atención en las empresas, como lo hice en mis primeros 20 años de carrera profesional.
La etapa como presidente de cámaras, instituciones y otras organizaciones concluyó en marzo, y ahora siento que empieza un nuevo renacer.
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