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Septiembre 5, 2010
   
TURISMO [ Excurison en el Gran Canon ]  

 

Nunca se me olvidará el impacto visual y emocional de ver el Gran Cañón por primera vez.

Habíamos viajado alrededor de 100 kilómetros por una carretera primitiva en una zona remota y poco visitada del borde norte del cañón, llegando por fin a Toroweap Point, nuestro destino. Allí el cañón es muy estrecho y no se aprecia su escala y profundidad hasta que estás muy cerca, donde no hay protección de ninguna clase que separe al visitante del abismo.

Me paré a pocos pies del borde de un acantilado que descendía verticalmente más de 900 metros al río Colorado, que se veía claramente abajo. Un viento fuerte soplaba en ráfagas violentas, afortunadamente en dirección opuesta al borde. La garganta del cañón, con sus capas de piedra multicolores expuestas durante millones de años de erosión, se extendía millas al este y al oeste, y, en la distancia, el monte Trumbull interrumpía el horizonte bajo unas nubes que aún parecían más blancas por el contraste con un cielo azul profundo.

Con los sentidos algo sobrecargados, el pulso y la respiración acelerados y sintiéndome un poco mareado, me senté en la piedra para descansar. Y desde ese momento empecé a sentir una fascinación por este maravilloso lugar que no ha disminuido con el tiempo.

 

De regreso

Varios años después volví al cañón en compañía de mi hija Carolina, para emprender una excursión guiada de cuatro días por el interior del cañón. El descenso sería por el sendero Grandview hasta el río, y luego el ascenso por el sendero New Hance. Ambos caminos se clasifican como primitivos, es decir ni mantenidos ni visitados regularmente por el Servicio de Parques.

 Desde el momento en que empezamos a descender por el sendero Grandview, las vistas del interior del cañón eran espectaculares, y la naturaleza 'primitiva' del camino era evidente. Cada paso tenía que ser calculado, y en ciertos lugares el camino era bien empinado, por lo que era necesario usar los bastones que nuestro guía, Shayne, nos había facilitado para frenar la bajada. 

Bien cansados llegamos al primer campamento, al lado del arroyo Hance Creek. Éramos los únicos allí, y en todo el día habíamos visto solamente a otros dos excursionistas. Shayne nos preparó una magnífica cena de pasta, nos brindó Advil (medicamento contra el dolor), y lo aceptamos agradecidamente, y nos acostamos a dormir en nuestras tiendas de campaña a las ocho de la noche, agotados.

Al día siguiente nos despertamos a las 4.30 a.m., desayunamos, y empezamos a caminar por el sendero Tonto hacia el río. Durante este segundo día vimos paisajes extraordinarios: cañones secundarios que se unen al principal en el río, derrumbes de piedras más grandes que una casa, y desde un lugar particular nos deleitamos con una vista asombrosa de Granite Gorge, la garganta del cañón en esta zona con unos colores café, rojo y rosado que no parecían reales.

Temprano en la tarde vimos nuestro destino: los rápidos Hance Rapids, donde íbamos a acampar esa noche. Los últimos 200 ó 300 metros de esta parte de la excursión eran sobre arena fina, pero por fin tiramos las mochilas en los bancos del río Colorado, en el medio de uno de los paisajes más bellos que yo había visto. A ambos lados del río la roca del cañón es de color café oscuro y rojo, con estrías de otros colores, gris, rosado y anaranjado principalmente, y todo coronado con un cielo intensamente azul.

Nos bañamos en el río Colorado, con la misma ropa que teníamos puesta, en un agua a 9 grados centígrados. A los 10 minutos estábamos totalmente secos, gracias al calor y la sequedad extrema. Luego, Carolina tuvo un encuentro con una serpiente cascabel rosada del Gran Cañón, una hermosa especie que yo tenía muchas ganas de ver, pero ella no. La serpiente sobresaltó a Carolina, y probablemente lo mismo le ocurrió a la cascabel, pero no pasó nada más.

Esa noche la pasamos acampados al lado del río, con el sonido muy agradable en el fondo de los rápidos, y a pesar del calor del día la noche estaba fresca, casi fría.

 

Sin huellas

En nuestro tercer día fuimos a explorar una playa que estaba aproximadamente a 1,5 kilómetros de nuestro campamento. No había una sola huella en ella, estaba en una curva del río donde el movimiento del agua era bien suave, en contraste con la turbulencia de los rápidos donde acampamos.

Por la tarde comenzamos el ascenso, caminando inicialmente por el desagüe natural del Red Canyon donde habíamos acampado, sobre arena y gravilla seca, y antes de empezar a subir ya me sentía cansado. Por unas cuatro horas ascendimos por el sendero New Hance, por un paisaje de roca verdaderamente roja, espectacular. Cuando por fin llegamos al campamento, una pequeña área al borde del cañón con una vista extraordinariamente amplia del Red Canyon, solo teníamos energía para preparar la tienda de campaña, cenar y acostarnos a dormir, totalmente exhaustos. Me desperté a la una de la mañana, y vi que la luna llena iluminaba el cañón con una luz brillante, presentando un paisaje precioso.

La mañana del cuarto día desayunamos, tomamos una buena dosis de Advil, y nos lanzamos al ascenso final por el sendero New Hance, unos 600 metros más al borde del cañón. Ya estábamos a una altura de unos 1.500 metros (sobre el nivel del mar, no del río), y la temperatura era mucho más fresca que al lado del río. Este último tramo resultó ser quizás el más difícil, por lo empinado que era el sendero, los múltiples obstáculos que se presentaron en el camino, y la exposición ocasional a acantilados al borde del camino. Sin embargo, en gran parte por el propósito que llevábamos de llegar a nuestra meta, caminamos y trepamos con determinación por unas cuatro horas y, de repente, estábamos parados sobre el borde sur del Gran Cañón. Abracé a Carolina, y a Shayne, celebrando la culminación de una excursión extraordinaria. Me sentía cansado y adolorido, pero sin duda había sido una experiencia extraordinaria. ¡Ya estamos planeando el próximo descenso!

 

MARAVILLA NATURAL

 

El Gran Cañón, ubicado en el norte de Arizona, está considerado como una de las maravillas naturales del mundo. La mayor parte de esta espectacular garganta está situada dentro del Parque Nacional del  Gran Cañón.

Su creación se la debemos al cauce del río Colorado. Tiene 446 kilómetros de  longitud, hasta 29 kilómetros de anchura y una profundidad de 1,6 kilómetros.

El Parque Nacional del  Gran Cañón fue uno de los primeros parques naturales de Estados Unidos, uno de sus grandes impulsores fue el presidente Theodore Roosevelt, asiduo visitante que disfrutaba de su paisaje y al que le gustaba practicar allí la caza. Más información: www.nps.gov/grca

 

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Octubre 2009

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